Con independencia de las nubes que se ciernen sobre las ridículas preocupaciones políticas de los humanos, de vez en vez sobreviene una nube de verdad, de polvo de lapilli, y trueca todo en un escenario nuevo de efectos inesperados. Desde los primeros años 90 se atribuye a las erupciones de los volcanes islandeses el efecto de que con las nubes de polvo que generan aerosoles de ácido sulfúrico y que caen normalmente por Europa y hasta el norte de África, se mudan el clima y la historia. R. B. Stothers, en 1996, (revista "Cambio Climático", 32) defendía que la explosión del volcán Laki, en Islandia, el 8 de junio de 1783, por varios meses, hasta el 7 de febrero de 1784, extendió por Europa una inmensa nube de niebla seca en la troposfera. Dicha nube, como en la actual del volcán Eyjafjallajokull, se difundió hacia el sur y el este de Europa. El efecto histórico señalado por varios autores es que pudo ser el origen del frío invierno que, luego, se cernió sobre el continente e, incluso, por el norte de África, entre 1783 y 1784. En Islandia murió alrededor del 80% de las ovejas, el 50% de las vacas y el 50% de los caballos, porque tras la erupción se generaron expulsiones de fluoruro de hidrógeno a la atmósfera, que mataron de fluorosis dental esquelética al ganado. Las cosechas en Gran Bretaña y en Europa fallaron masivamente y la situación social se agravó enormemente, lo cual fue caldo de cultivo para la revolución de 1789, que cambió la faz de la historia humana. La nube de 1783 se extendió hacia Bergen en Noruega, a Praga el 17 de junio, Berlín el 18 de junio, París el 20 de junio, Le Havre el 22 de junio, y Gran Bretaña el 23 de junio. La niebla era tan espesa que los barcos no partían a navegar, el sol fue descrito como de color sangriento, y los pintores, aprovecharon aquellos extraños colores para exacerbar su estro y dar pie al color del impresionismo del siglo posterior y a los espacios siniestros de Munch. De nuevo, y para occidente, las fuerzas ctónicas han despertado. Su efecto no es de una semana y, obviamente, si las cosechas en Europa se echan a perder, está el resto del mundo para abastecer de inmediato a la población, eso sí, empujando la inflación básica y volviendo a dar otra vuelta de tuerca a una situación económica que, unida a la demográfica y étnica, pondrán las bases para una nueva crisis histórica y, por tanto, una nueva etapa con manumisiones y sometimientos.
VULCANO EN LA FRAGUA